Y huele a la tormenta que desperté entre tus piernas. Y sabe al tabaco que fumabas. Y se siente como en el último instante, que me llevaste al cielo por tu cuerpo.
Y hoy recuerdo lo que callamos, lo que se quedo tendido en la azotea, olvidado entre tantos papeles. Y hoy te recuerdo en ese momento antes de odiarte quizás incluso el momento en el que llegué a amarte.
Clavaste tus garras en mi espalda y volamos por los aires, y no eras ni tu ni yo, éramos los dos encontrados en una tarde de esas que necesitas a alguien, que te coma la boca, que te diga a qué huela tu pelo, qué te ame como nadie.
Saboreo en mi cuarto los desvelos de esa tarde, de tus ojos encendidos, de una mano que bajaba y una boca que subía, que rozaba, que dolía, que extasiaba, que me daba lo que quería.
Despertando de este sueño, reconozco que no te echo de menos, pero extraño tus besos.
jueves, 13 de octubre de 2011
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario