Arrancaría de mi pecho la furia a base de besos, de arañazos, de mordiscos dirigidos a la persona equivocada y pagaría por ella sus pecados.
Convertiría mi dolor en melancolía si encontrara unos ojos tristes en los que reflejarme, una sonrisa gastada de suspirar a tantos desengaños.
Elegiría olvidar, borrar los nombres, minimizar el daño, cavar el hacha de guerra y vendar mi conciencia.
Lo haría si supiera rendirme.