No necesariamente por ser inteligente, hacía las cosas con sentido. A veces sencillamente era demasiado ingenua para comprender maldades, sibilinas intenciones . O quizás no quería percatarse de ello.
El caso es que nunca encontraba el equilibrio en sus relaciones, su ideal le hacía levitar de la realidad y sumergirse en su propio universo, dónde las cosas eran cómo debían de ser. Cerraba los ojos y olvidaba, perdonaba, entregaba su alma y luego se la devolvían a cachos, aguantando las miradas de satisfacción de aquellos a los que una vez llamó amigos.
La razón era que envidiaban la manera en la que llegaba a ser feliz, excluyéndolos de ese mundo que recorría con sus ojos extraviados, aquella utopía que le sacaba una sonrisa clara de su boca, aquel lugar dónde encontrar el placer parecía tan fácil a juzgar por su expresión bendita. Y cuando le preguntaban - ¿Dónde has estado? Les respondía – en un sueño, en mi cielo.
Ella era capaz de volar, de llegar a su propia alma y descubrir cada día algo nuevo. De profundizar en la verdad de las cosas, de ver aquello que pasaba desapercibido y valorar su belleza.
Pero su visión aunque eterna, la condenaba a aquello que más temía, la soledad
El caso es que nunca encontraba el equilibrio en sus relaciones, su ideal le hacía levitar de la realidad y sumergirse en su propio universo, dónde las cosas eran cómo debían de ser. Cerraba los ojos y olvidaba, perdonaba, entregaba su alma y luego se la devolvían a cachos, aguantando las miradas de satisfacción de aquellos a los que una vez llamó amigos.
La razón era que envidiaban la manera en la que llegaba a ser feliz, excluyéndolos de ese mundo que recorría con sus ojos extraviados, aquella utopía que le sacaba una sonrisa clara de su boca, aquel lugar dónde encontrar el placer parecía tan fácil a juzgar por su expresión bendita. Y cuando le preguntaban - ¿Dónde has estado? Les respondía – en un sueño, en mi cielo.
Ella era capaz de volar, de llegar a su propia alma y descubrir cada día algo nuevo. De profundizar en la verdad de las cosas, de ver aquello que pasaba desapercibido y valorar su belleza.
Pero su visión aunque eterna, la condenaba a aquello que más temía, la soledad
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