Mirar por la ventanilla me relaja, a través del cristal, proyectando recuerdos, apreciando detalles, dándole significados nuevos, busco encontrar las sensaciones q me provocaron. Pero los recuerdos tienen un matiz especial, el sabor de la nostalgia. Querer recuperar el tiempo perdido es como intentar atrapar arena con las manos, se te escapan y apenas quedan unos míseros granitos.
Sonrío de pronto. Acabo de vivir un instante en el pasado, un nuevo detalle olvidado. Fruño el ceño, el amor. Un nuevo pensamiento... ¿qué es? Lo he vivido, se de lo q hablo, pero eso no es suficiente para conocerlo. Porque experimentar no es conocer.
He intentado muchas veces escapar d el, otras lo he perseguido, otras veces ha estado allí siempre, esperando a ser escuchado...
Cierro los ojos un momento. Me dejo llevar por la sensación. No es un recuerdo, solo la presencia de un sentimiento. Es un nuevo inquilino en mi alma, ha entrado sin preguntar y se ha instalado. Este sentimiento es el más intenso y el más traicionero, al único que no puedes engañar.
Si pudiera al menos decidir, si yo pudiera hacer algo...
Suspiro. Abro los ojos y sigo mirando por la ventanilla. ¿Qué debo hacer? Otra pregunta incordiante. La respuesta es clara y sencilla perversa y agobiante: nada.
Lo único que puedo hacer es sentarme y mirar como se desenvuelve todo, mi propia vida. Como ahora mismo, sentada en este tren mirando a través de esta ventanilla que guardara mi secreto y seguramente el de otros muchos soñadores...

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